viernes, 4 de abril de 2014


Metallica - La Arena de Nimes construido en el año 70 Antes De Cristo -  mas de 1944 años despues de que fuera usada para peleas de gladiadores . Metallica da un concierto mitico y legendario - El espectaculo no deja de ser alucinante - #ROCK

miércoles, 15 de enero de 2014

Estambul es una ciudad definitiva (I Parte)

Estambul es una ciudad definitiva. Es el epicentro de nuevos olores, sabores, nuevas visiones de los contornos de la modernidad y la tradición. Estambul es el rio Bósforo. Estambul es comercio. Huele al mediterráneo. Tiene una nostalgia pesada de un lado del Bósforo, una carga de modernidad avasallante del otro lado. Despliega alternativas infinitas a la vista del visitante que deambula por sus calles. Resume de una manera quizás romántica lo que Borges alguna vez expreso como ese encuentro con Oriente.
La primera impresión al llegar al aeropuerto es la de un país que avanza. Todo esta planteado para así parezca – tiendas de Victoria Secret y Starbucks  sirven de marco a miles de visitantes de toda Asia y Europa. El aeropuerto en sí es un triunfo de la Turquía moderna – una suerte de declaración de que aquí se viene a invertir. Apenas pasamos la aduana – nos encontramos con las primeras señalas de que todavía estamos en un país en desarrollo: cientos de choferes con pancartas buscan al visitante, al hombre de negocios en lo que parece un terminal de cualquier parte de Venezuela. Mientras nos llevan al centro de la ciudad, sorprende la cantidad suburbios modernos, amplias avenidas, pulcras ornamentos de la modernidad y el progreso. Todo el camino por la playa denota que hay orden. El azul del océano es devastador. A primera vista no se sabe si Estambul pertenece al mediterráneo o el mediterráneo a Estambul. El mar pareciera a tener una gran importancia para ellos – el comercio, las otras influencias todas parecen tener su origen en el mar.
En un instante nuestro chofer se desvía de la moderna autopista y entre en un nodo de una callejuela cualquier que nos impulsa cuesta arriba. En segundos estamos en un vecindario que pudiera ser construido en los años 40. Retrocedimos abruptamente en el tiempo. Desfilamos ante cientos de tiendas, pequeños comercios, sitios de comida, mercancía en la calle – gentes con otras pieles y vestimentas. El barrio de Beyazit nos arropa con todo su esplendor comercial. Pareciera que aquí vender no sólo es un arte sino una forma milenaria de vida. Beyazit huele a telas, a kebab recién hecho, huele a cuero curtido.
Nuestro hotel esta localizado en el medio de Beyazit. Esta estratégicamente cerca de todo. El Gran Bazar esta a tres cuadras, imponente como un gigantesco laberinto – la primera impresión es definitiva. Hemos llegado al origen del comercio. Más allá de su evidente propuesta turística, el gran bazar conserva su esencia mística. Huele a especies y a cuero; se cultiva el vidrio, el oro, la plata. Son glamorosos sus pasillos, decorados con todo lo que uno se pueda imaginar. Los dueños de los locales posean un ADN comercial de siglos de experiencia. Son poliglotas natos, juglares de las palabras,  caballeros con las damas, negociantes de oficio y vocación, feroces a la hora de defender su precio final. Saben el cuando, como, donde y el que del comercio. No se apuran, te presentan a su esposa, te brindan té, te seducen en base a tus necesidades creadas, juegan con su venta, hacen parecer las cosas que venden como verdaderas joyas de arte cuando no lo son, deciden honrarte con el noble arte en el que ellos son únicos: el arte del regateo. Es una sensación maravillosa estar en el gran laberinto del Gran Bazar simplemente viendo la misma escena de los últimos 400 años, cientos de personas buscando satisfacer algún placer o lujo.
Apenas dejar nuestras cosas en el hotel nos fuimos a Asia. Nuestra intención era comer en el legendario Ciya Sofrasi – quizás el mejor comedor de Estambul. Tomamos el barco desde Eminönü hasta Kadikoy saboreando el atardecer mientras el Bósforo nos daba la bienvenida formalmente a la ciudad. El Bósforo debe ser simbólicamente muy importante para los habitantes de esta ciudad. Debe  ser una constante memoria de situaciones vividas en él. Igualmente se intuye que es un espacio de socialización. Miles de personas lo cruzan todos los días mientras beben té, café y charlan o leen el periódico. Hay parejas, familias, niños emocionados por montarse en el barco, personas solitarias en sus pensamientos en el barco. El paseo por el Bósforo es una pausa para el Estambulí, un momento en el tiempo (¿para reflexionar?), para admirar la ciudad. El Bósforo permite que la ciudad se deje mostrar.
Al caminar por las calles de Kadikoy finalmente llegamos al Oriente. No hay manera de describir el apabullante sentimiento de libertad y placer que transmiten las calles de Kadikoy. Decenas de tiendas, restaurantes, puestos de mercados en donde literalmente miles de personas caminan buscando y encontrando la fiesta que significa el mediterráneo. Ciya Sofrasi se encuentra allí, un local que comenzó modesto y que hoy es famoso por recuperar los sabores de platos de toda Turquía. El secreto de Ciya Sofrasi son dos. Sus ingredientes frescos y pulcros, desconocidos sabores milenarios. El segundo secreto es el personaje de Musa Dagdeviren el chef que dedica gran parte de su tiempo a viajar por toda Turquí recogiendo recetas y sabores que se creían perdidos. La comida es espectacular. Los turcos saben disfrutar de sus platillos. Dagdeviren rodeado de ollas espectaculares “sugiere” que comer en un ingles inexistente. Todo lo dice en turco, pero se nota que cada plato es un estudio de alguna receta perdida en el tiempo. Yo apunto con mi dedo y quiero probarlo todo, pero es imposible – hay demasiada variedad. Dagdeviren se ríe de mí y me invita a garbanzos con cordero en una salsa semi picante – luego me indica que algo con yogurt acompañaría perfectamente este plato. Acepto gustoso como un discípulo recién incorporado a una cofradía religiosa. 
La comida turca es sencilla y a la vez compleja. Sencilla en la utilización de la cocina – compleja en el uso de las especies. Todos los sabores son nuevos, trabajados con verduras que nos son conocidas: berenjenas, calabacines, okras, vainitas, tomates, garbanzos y decenas de plantas verdes: espinacas entre otras. Hay una alegría al comer que es muy mediterránea. El turco le dedica tiempo, desde la infinidad de meses (aperitivos o tapas) calientes o frias hasta los platos principales y los postres. Estambul es una ciudad definitiva para comer. Ciya Sofrasi es un templo de sabores donde reconozco que salí asombrado.
Mención aparte merecen las mezquitas de la ciudad. Nuestro primer encuentro con una Mezquita fue la primera noche, mientras regresábamos de Asia luego de cenar. Cruzamos el Bósforo por el puente de Galata y vimos cerca de Eminönü una luz tenue que parecía ser la entrada a una mezquita. Luego supimos que era la Nueva Mezquita o Yeni Cami (construida en 1597). Como primera experiencia en una mezquita fue definitiva. El mero hecho de ser los únicos en la mezquita a esa hora de la noche lo hizo especial. Con unos candelabros espectaculares – la Yeni Cami nos introdujo en el complejo mundo musulmán. Una mezquita sirve a la vez de templo, centro cultural, punto de encuentro y lugar de reflexión o meditación. Frente a la modernidad es un lugar cálido, un espacio público con sentido, un lugar para pensar. Luego de ver decenas de ellas a lo largo de Estambul no puedo sino pensar que son una buena idea. Frente a la modernidad son oxigeno puro. Sin embargo da la sensación (por lo menos la percepción) que la religiosidad esta presente en todas partes de Estambul. La religiosidad esta en la gente.

viernes, 8 de febrero de 2013

La Monja en el tren Talgo camino a Barcelona





El Tren Talgo se detuvo lentamente en la estación de Sevilla. Al ingresar temí de nuevo por mí. La pava estructural que me acompaña en mis viajes se remite a que siempre me toca un indeseado en el puesto de al lado. Esta vez no fue la excepción. Había una monja esperándome.
Debo aclarar que no tengo nada contra las monjas y la función social que cumplen. Desde hace muchos años me ha interesado mucho el tema de la vocación y he profundizado en averiguar que lleva a una persona a dedicar su vida a la religión; pero no era especialmente fortuito que me tocara una monja las ocho horas que duraría el viaje a Barcelona.
La Monja me miro tímida. Yo la miré resignado. Revise por tercera vez mi boleto, para verificar una vez más que el destino (¿divino?) me seguía jugando una mala pasada. Me senté, arregle mis cosas; siempre viajo con varios materiales de lectura, y medite si sacaba el libro “Memorias de una puta triste” de García Márquez. En un acto de auto-censura decidí que por los momentos no era conveniente.
Comenzaron las introducciones:
-          “Buenos días”
-          “Buenos días madre”
-          “Bonito día para un paseo en tren hijo, ¿no es cierto?” – Mi miseria no podía ser mayor, era una monja que le gustaba hablar – es decir, por horas.
-          “Si madre, aunque anoche llovió”.
La monja era como cualquier otra monja. Totalmente cubierta era difícil imaginarse su edad. No era ni joven ni vieja. Tenía una cara dócil, unas manos pulcras, una postura frontal. Me la imagine de pequeña, jugando con otros niños y como siempre me pregunte que hace que una persona se dedique a la vida monacal. Su cara era “Giotto” style.
La ficha técnica de la monja nunca se me olvidará: Pertenecía a las Dominicas de La Anunciada -  o sea - Monjas Contemplativas de la Orden de Predicadores. Licenciada en Filosofía y Teología. Devota de San Gabriel y la Santa Clara de Asís. Española – Italiana.
-          “¿De donde eres con ese acento?” – Me pregunto
-          “Venezuela, madre”
-          “Ah las Américas…” – murmuró, y me sentí en una película del siglo de oro español y a su vez como un criollo de tercera categoría.
-          “¿Y cómo es tu relación con Dios?” – pregunto sin piedad – sacando la artillería pesada de una vez en una especie de blitzrieg.
-          “¿Mi relación con Dios…?” – Balbucee –
“Trágame tierra” fue lo que pensé a continuación.  Tenia ganas de decirle la respuesta que había dado Miguel Bose en una entrevista: “No tengo una relación con Dios, nunca me lo han presentado”, pero pensé que no sería una buena idea. Este era uno de esos momentos en la vida, cuando te preguntas en tu Fe, en tus creencias, en esa extraña sensación de vacío espiritual que normalmente palias con otras actividades. Hasta ese momento mi historia religiosa se circunscribía a los pocos afectos que sentía por la institución iglesia y la admiración por algunos de sus miembros más radicales, más intelectuales, menos dogmáticos.
-          “Mi relación con Dios, madre, es muy leve” – le dije, sospechando lo peor. “Aunque estudie en un colegio católico”, - dije con cierto orgullo.
Pensé en mi boleta eclesiástico y preferí no manifestarme. Saldría raspado.
1.       Bautizo: 20 (fui bautizado con todos los honores, a pesar de que no me acuerdo de nada)
2.       Primera Comunión: 01 (Nunca la hice – mi mama al negarme, no insistió)
3.       Confirmación: prelada (por no haber hecho las primera comunión)
4.       Confesiones: 09 (Una cada mes en la secundaria- luego de eso la lista de pecados se ha acumulado a la ∞.
5.       Idas a Misa: 10 (es decir cumplo con ir a las misas que involucran fallecimientos, matrimonios y eventos especiales)
6.       Religiosidad: 08 (sin comentarios)
Promedio: 08
“La palabra de Jesús es siempre útil para encontrar los caminos de Dios” me dijo la Madre.
Siempre he querido ir a Israel. Me llaman la atención los sitios que se pueden visitar que están cargados de una religiosidad combinada con cierto fervor turístico. ¿Qué puede llevar a una persona a creer cuando esta en Belén, que el lugar que le enseñan a uno es efectivamente el sitio donde nació Jesús Cristo, un judío arameo hace más de 2000 años? Debe ser interesante no ir al lugar, sino ver a los peregrinos que se acercan con verdadera Fe y religiosidad.
La Monja y yo entablamos a partir de ese momento una feroz batalla ideológica. No soy un experto teológico ni mucho menos, pero me sentía capaz de defender la poca Fe que tengo, que se sitúa entre el humanismo y la ayuda al prójimo (¿mi gen cristiano?). La Monja defendía el papel de la iglesia, su integridad moral y los valores católicos por encima de todo. Yo me sentí capaz irónicamente capaz de mencionarle la riqueza del Vaticano. Ella riposto con las obras sociales: Yo le mencione que la iglesia podía “opinar” sobre la vida de los demás, no “imponer”. Ella me hablo de que tener Fe permite que tu alma viviera en Paz. La envidie por un momento. Tener tanta certeza, tanta claridad de vida, saber el camino a seguir era un lujo que el humanismo no tenía. Siempre había dudas y verdades por descubrir. En la religión todo pareciera estar escrito. Hay pistas. Hay señales.
Mi envidia duro poco. Al tocar el tema del celibato, la monja enmudeció. No dijo nada. Cero. Su silencio me preocupó. Me sentí mal por tocar esa tecla, pero era mi última oportunidad de (¿ganar?) hacerle reflexionar sobre algunos puntos. ¿Qué estaría pensando? ¿Sobre lo que nunca fue o sería? ¿Sobre alguna persona que amo? ¿Sobre como la Fe es más poderosa que todos deseos carnales o extra terrenales?
En la Biblia la palabra celibato no aparece por ninguna parte.
Lo que siguió fue una confesión de partes. Si, el celibato era una “prueba más de Dios” me dijo. La monja cuando estaba joven se había enamorado de un compañero de clase. Tenían 16 años. Había sido un romance que tocaba lo espiritual pero también lo físico. Su círculo social no aprobaba el joven, lo consideraban “indigno de ella”. No la dejaron verlo más. Su familia, piadosa y religiosa en extremo, así como también pobre y sin recursos, no participaba en su gusto por la historia y la lectura. Su vocación nació de su deseo de aprender, de conocer otras sabidurías y saberes. Como muchas otras vocaciones nació producto de la necesidad y de la falta de oportunidades.
La monja me miró con tristeza: - “Eso paso hace muchos años” sentenció.
El Talgo continúo su largo recorrido y la Monja no hablo más en todo el trayecto. 

Llegue a Berlín a pocos meses de haber caído el Muro.


Llegue a Berlín a pocos meses de haber caído el Muro.  Hacia un frió anormal, de esos que te entran en los huesos y no se van. La ciudad a las 400am no decía mucho. Había un silencio muy propio de la inactividad, pero a la vez de una cierta pesadez que recorría el ambiente.  Para ese momento la humanidad todavía recordaba esos días cuando  miles de ciudadanos berlineses, violados de sus derechos de asociación, libertad y humanidad decidieron romper con el orden social y ser libres. Lo digo con toda la pasión que merece, porque así se percibió en las escuelas, en las oficinas, en los bares de todo el mundo. Una sensación tan única que solo ha sido superada (en mi modesta opinión) cuando liberaron a Mandela. 

Berlín del Este seguía siendo, sin embargo, una ciudad triste, seca y sucia, que aun padecía de un estalinismo arquitectónico.  Del otro lado Berlín Occidental parecía un gran parque de atracciones., lleno de dulces y golosinas, donde los centros comerciales anunciaban el triunfo del capitalismo.

Para mis amigos y yo, acostumbrados a las bondades de los países desarrollados Berlin Oriental sólo supuso la primera de muchas sorpresas a lo largo de esas semanas que pasamos en Alemania y luego en Polonia. En esas primeras impresiones estaba claro que la discusión iba más allá del capitalismo y el comunismo. Bastaba conversar con un alemán u oriental o un polaco para darse cuenta del enorme crimen que se había cometido. Insertos en un mundo  impregnados de slogans falsos (en los últimos años ya nadie creía lo que se decía), comida ajustada a una dieta forzosa, listas de espera para casi todo, los habitantes que vivieron el comunismo solo pensaban en ese momento: ¿Y ahora qué? El comunismo asfixia cualquier forma de inventiva.  Aísla a la persona al grupo y lo lleva a dudar de su singularidad – todo se resuelve en un sinfín de burocracias paralelas, discursos partidistas y lo que es peor – realidades orwellianas. La calidad de vida que anuncia que todos “vivimos decentemente” se traduce en “todos somos pobres”.

Polonia eran kilómetros de campos abandonados, industrias quebradas, iglesias tristes y miles de personas calificadas en absolutamente nada. Ni los maestros con los que hablamos tenían nada que enseñar: todo que lo que el comunismo les había enseñando no servía para nada en el mundo real. Eran los profetas obligados de una letra muerta.

Gdansk, cuna de la resistencia polaca, era un sitio hostil, una fotografía de los años cincuenta, todo se caí a pedazos.

Entramos en un bar en un pueblo de la costa báltica. El viento era terrible. Adentro había unas 25 personas sentadas en parejas tomando cervezas. Olía a fracaso. No había música y la alegría seguramente no era uno de los verbos más utilizados. Por otra parte nosotros éramos extraterrestres de una lejana galaxia. De la conversación con los locales supimos de la opresión lingüística, de los polacos “delatores” de sus propios compatriotas, de la sovietización forzada – del culto al colectivismo sin ninguna recompensa. El pesimismo era parte del lenguaje y se mezclaba con el incierto futuro. Los jóvenes ya se habían ido a las ciudades donde se respiraba una modernidad que llevaba con 45 años de retraso. El pueblo nos contaron había sido el balneario predilecto del Apparatchik polaco y ruso, donde estos pasaban sus veranos “socialistas”. Sus grandes dachas, eran ahora mansiones abandonadas. Muchos de los lugareños habían trabajado en esas casas, siendo sirvientas y obreros en un mundo socialista de la alta élite comunista polaca, entre productos importados de Suecia y lujos de toda Europa. La paradoja era que ahora no había empleo en el pueblo y estas personas estaban a la deriva. 

Solidaridad, el movimiento obrero, no solo fue un impulso, una barrera de resistencia con el fascismo y la tiranía, sino también en su momento fue una posición ética y moral. Fue decir "hasta aquí llegaron"...podemos ser otro país, otra sociedad. Solidadridad no solo fue un movimiento obrero, fue una resistencia cabal al feudalismo soviético. 

martes, 4 de septiembre de 2012

Comer bien en la Caracas Gastronómica


¿Qué significa comer bien? A primer vista comer es un acto necesario para la vida, y una rutina que repetimos día tras día muchas veces sin pensar como lo hacemos y que significa en nuestras vidas. Comer es un rito que supone alimentarse con productos que son de nuestro agrado y en la medida posible satisfacernos. Pero todos sabemos que comer es mucho más que eso. El comer es un rito social que esconde muchos significados. Desde la sociología es un acto colectivo que en muchas culturas premia la sociabilidad y la interacción colectiva por diferentes motivos: la cosecha, las celebraciones, la familia, el compartir con amigos, el hacer negocios, la necesidad de mostrar quienes somos mediante la comida, entre otras. Para la antropología comer tiene significados religiosos, se manifiesta a través de símbolos y costumbres arraigadas en una cultura, y tiene sentido en un territorio, un espacio y un tiempo determinado.




Comer bien es otra cosa. Es lo que de alguna manera Borges ha comentado como “un hecho estético” donde se combinan una gama de sentidos para generar placer, armonía social, buen ambiente y donde la comida de principio a fin es optima. Comer bien no es pagar más por una comida. Comer bien no es recibir una excelente atención pero una muy mala comida o viceversa.  Algunas veces nos acostumbramos a ir a un lugar porque “la comida es buena”, pero nos resignamos a que tengamos que esperar mucho tiempo o nos atiendan mal. Otras veces creemos que comer bien es simplemente un acto de suerte, ese día en ese lugar todo salió bien, pero al regresar nos llevamos una nueva decepción.

Comer bien en Caracas la podemos definir como el acto de tener una experiencia lúdica en donde hay una serie de variables nos permiten salir muy satisfechos de un local. Es la combinación de la comida misma, el servicio, el ambiente y que uno sienta que el costo esta relacionado positivamente de acuerdo a la calidad de la experiencia. No es un acto de fe. Es identificar los lugares donde sabemos que “siempre” comeremos bien. Es una apuesta por la calidad del lugar.

Comer bien en Caracas es reconocer en un local que uno es bien recibido y que lo que te ofrece es excelente y sabroso (la palabra sabroso en otros idiomas como la palabra cariño no tiene traducción literal). Al final de la comida comer bien significa que uno va a recordar ese lugar, pues la experiencia (“el hecho estético”) fue completo. En Caracas conseguir lugares así depende de muchos factores. Un consejo clave: si usted le gusta un sitio, hágase amigo del personal del local, conozca al chef, al dueño a los mesoneros. En Caracas la información, la atención que te puede dar una persona con la que uno tiene empatía no tiene precio.

Igualmente comer bien implica la comida de principio a fin es muy bueno o excelente. Eso incluye los postres. Es difícil encontrar un sitio donde esto sucede, donde se llega a degustar dos o tres excelentes platos uno detrás del otro y que el postre sea sublime.

En los próximos artículos comenzaremos a reseñar lugares en Caracas que tiene estas tres características: el servicio es muy bueno, el costo de comer es accesible y se coma bien, en el sentido holístico del termino. 



miércoles, 29 de agosto de 2012

El costo de comer en la Caracas gastronómica


“Comer fuera” en Caracas es sumamente costoso. No es una percepción escuálida o una denuncia contra-revolucionaria sino una verdad que nos compete en este articulo. El costo de la vida hace de Caracas una de las ciudades mas caras de América Latina y del Mundo, comparativamente tomando en cuenta la inflación y los sueldos de las personas. Comer en la Caracas gastronómica es un acto de fe, una búsqueda permanente de las famosas tres B: Bueno, Bonito y Barato. Es además una variable de peso a la hora de definir un mapa de la gastronomía Caraqueña. Hay zonas de Caracas donde es simplemente imposible para muchos acceder a la oferta gastronómica.

El costo de una comida viene asociado muchas veces al servicio que dan, el costo de la materia prima, lo novedoso de la cocina (la propuesta del local) así como la exclusividad del concepto del lugar. No es lo mismo un local de baja rotación, donde los comensales puedan pasar un par de horas o mas comiendo,  que un local de alta rotación donde el servicio busca rotar las mesas lo más posible en la noche. La exclusividad tiene un precio. El costo también se relaciona con la propuesta culinaria, sitios de comida exótica o de comidas con muchas materias primas importadas se supone que serán más caros.

“Lo caro” esta asociado también  a los gastos operativos del local,  el  IVA, el impuesto al lujo y la economía nacional. Vivimos en una economía que no premia el emprendimiento, la competitividad y por lo tanto ofertar es cada vez más difícil.

El resultado  esta a flor de piel, mientras que Caracas sigue siendo un lugar con una variedad gastronómica interesante, los precios son tan caros como Nueva York, Lima o Roma. No exageramos. Camine usted por Roma y encontrará varias decenas de locales con la tres B – que tienen años de tradición culinaria - a 3 % de inflación anual. El venezolano le gusta comer afuera pero el caraqueño se limita cada vez más. Solo un porcentaje pequeño de los 5 millones habitantes de Caracas se puede dar el lujo de comer en la calle todos los días. Simplemente las cuentas no dan.

Existe entonces una exclusión del caraqueño a muchos lugares que “le gustaría ir” pero no puede. Las fronteras geográficas caraqueñas no son solo municipales, sino de poder adquisitivo. Si comer se convirtió en un lujo las excusas para hacerlo varían. La percepción ocular de que los restaurantes están llenos es sospechosamente irreal: mucha gente come afuera solamente los días inmediatamente que cobra su sueldo. Ante el alza del fastfood sobran opciones para comprar almuerzos rápidos cerca de la oficina: la comida rápida es cada vez más casera, muchas personas llevan su almuerzo hecho de su casa.

El caraqueño hace un esfuerzo inmenso entonces por hacer del ritual de comer afuera un celebración que se comparte con familiares y amigos. Graduaciones, despedidas o ascensos, un almuerzo de la familia extendida son todas excusas validas para buscar “un sitio donde se coma bien y te atiendan”.

La apuesta es hacer de la oferta gastronómica en Caracas una oferta para todo tipo de públicos. Una oferta que permita al caraqueño una buena comida de calidad, con un buen servicio y a un precio accesible. Una red de restauradores que nos hable a todos los caraqueños y que tengan un concepto de una Caracas gastronómica es vital para el futuro. Se trata de cobrar lo justo para lograr nuevas propuestas culinarias, se trata de mejorar la oferta – cada vez vemos más el menú ejecutivo aparecer como alternativa al plat de jour – sin desmejorar la calidad. Igualmente al trabajar con ingredientes locales comenzamos a ver propuestas interesantes de rescate de comida casera caraqueña que utiliza ingredientes de la estación de turno.
Es realmente satisfactorio llegar a un local y ver que existe uno o dos platos del día que son hechos con esmero que recuerdan viejos sabores y que no son costosos. La posibilidad real de comer afuera, cada vez mas excluyente para el caraqueño – tiene oportunidades en los locales mas humildes o hasta en los más caros que tratan en lo posible de innovar su cocina y por ende su precio. 

martes, 21 de agosto de 2012

El servicio en la Caracas Gastronómica







Repensar la ciudad como una ciudad gastronómica implica necesariamente re-evaluar el servicio que obtenemos todos los días en los establecimientos de comida de la ciudad. La mitad de una experiencia gastronómica es relativa a como te atienden en el local y el tipo de servicio que te dan. Es difícil cuantificar o cualificar el tipo de trato que recibes en Caracas más allá de las experiencias y anécdotas personales de cada persona. En el péndulo subyacen muchos factores.

La idiosincrasia del venezolano y del caraqueño recoge elementos a considerar. Cuando nos sentamos a comer esperamos que nos traten bien, sin mucha confianza pero con la suficiente para sentirnos cómodos. Igualmente esperamos que la comida llegue a tiempo, sea de nuestra agrado y que durante la comida el servicio sea bueno. Bajo estos criterios, salimos sorprendidos en Caracas cuando nos atienden bien. La percepción popular es que en nuestra ciudad el servicio no es bueno o por lo menos dista de ser aquel que se encuentran en otras latitudes. Sobran las experiencias donde nos tratan mal, donde el servicio es lento o atosigante, o aquellos cuentos de que la comida era buena pero el servicio hacia de la comida un acto para olvidar.  

Parece acertada la filosofía de Edgar Leal de que es indispensable entrenar bien al personal para que ofrezca un buen servicio. Pero creo que el asunto va más allá de eso. Hay que crear un sentido de identidad del personal que trabaja con el concepto, la idea, las opciones que ofrece el local. Antes (digo antes porque aún puede estar presente en algunos sitios de Caracas) existía un tropa de mesoneros, dueños, cocineros,  personal de un local que te atendían con todo el sentido de lo que significaba el sitio que ellos regentaban. Es raro encontrar hoy un sitio en Caracas que conserve el “calor de hogar” de un buen servicio. Mas específicamente que conserve esa identidad de local que te invita que a la comida no se lo único que te vas a llevar como premio del festín, sino que va a haber una genuina atracción a volver post facto – “porque nos atendieron muy bien” – . Esos lugares son las joyas perdidas de la ciudad.

Una Caracas gastronómica tiene que pensarse como un sitio en donde la bondad del servicio este al alcance de todos: en panaderías, pastelerías, restaurantes, bistro´s, fuentes de soda, areperas y tiendas de gastronomía. Una Caracas gastronómica tiene que pensarse desde como logramos que cada aventura a salir a comer se convierta en una experiencia que genere buenas percepciones en torno al servicio. Al final del día son las percepciones las que cuentan. Una buena comida no esta completa si te atienden mal. No importa lo “chic” o sencillo del lugar – muchas veces las mejores comidas se dan en los mercados públicos del interior, donde la dueña no sólo te hace sentir en casa sino muestra con orgullo sus productos y su resultado final – o algunos locales que todavía quedan en Caracas – donde la palabra cariño se interpreta por la sensación de que el proceso de comer pasa por varias sapiencias, por un rito de hacer sentir bien al comensal  por un culto al buen servicio.

jueves, 16 de agosto de 2012

Caracas Ciudad de sabores



Una ciudad creativa también se conoce por sus sabores. Hay una relación directa entre la oferta que tiene una ciudad en materia gastronómica y su capacidad para generar empleo, economía y turismo. Imaginarse una Caracas meca cosmopolita de la gastronomía no es difícil, si existieran ciertas variables que lo hicieran posible.

La ciudad se entiende de muchas maneras. Caracas nocturna, Caracas cuna del libertador, Caracas verde en el caso de la ciudad positiva. Caracas violenta e insegura, Caracas caótica y llena de tráfico, Caracas la ciudad de la tristeza cuando hablamos de la ciudad negativa. Pero la gente a veces se olvida de utilizar todos los sentidos. Hay sin duda una Caracas de los sabores, que polemiza consigo misma, que guarda secretos en locales desconocidos, de platos que sólo que se consiguen algunos días de la semana. Por ejemplo detrás de más de una docena de clubs de diferentes nacionalidades se pueden conseguir platillos que son definitivos al paladar.

Caracas tiene muchos sabores. Tiene en primer lugar una total veneración a las frutas que nos llegan de todas partes del país (ahora del mundo) y/o que se cultivan en nuestra ciudad. El caraqueño come fruta, sin darse cuenta muchas veces, según las estaciones, disfruta el mango, la piña, la parchita a través de una infinitud de maneras. Los Caraqueños tenemos una veneración hacia los jugos de frutas. Hacemos de ellos algo casi diario – lo tomamos con agua – les hacemos tributo con arepas, cachapas y comidas criollas. Igualmente rendimos tributo a las frutas a través de los postres – somos afines a los “pie´s”, las tartaletas, los “mousse” y las tortas mas simples pero deliciosas de guanábana, piña o cambur.

Caracas tiene muchos sabores que son fuera de nuestras fronteras. Quizás es la única ventaja competitiva con otras ciudades del interior. Nuestros sabores son italianos, uruguayos, árabes, gallegos,  chinos, portugueses, canarios, vascos, japoneses, y últimamente iraníes, turcos y peruanos. No es una contradicción que una ciudad tenga sabores de otras partes del mundo, más bien es una bendición.  Caracas tiene todos los sabores compactados en una gastronomía genialmente autentica. La cocina española en Caracas (algo brusca y básica) tiene representaciones de casi todas las regiones. La árabe ofrece sorpresas pero también tradiciones. Es una comida que va de acuerdo con nuestro clima tropical. Nuestras carnes van acompañadas de la sapiencia uruguaya y argentina, la comida china es quizás la mejor del continente con la excepción de Perú. Nuestro sushi tiene mucho que decir. Y Caracas gastronómica se reinventa cada cierto tiempo con nuevos sabores. Últimamente los sabores turcos que se desprenden de la Avenida Victoria son únicos.

También hay que hablar (mal y bien) de la comida criolla que se consigue en Caracas. Comparativamente se dice que en Caracas se come mal comida criolla comparada con otras ciudades. Sin embargo hay que ser positivo. Hay sopas maravillosas en Caracas. Hay dulces para todos los gustos. Hay sitios antológicos como el Rest. Jaime Vivas – 93 años de cocina caraqueña. Hay nuevas aportaciones, escuelas de cocinas, aprendizajes y fusiones caraqueñas con cocinas regionales y globales – la cocina criolla caraqueña cuyo epicentro reside en el CEGA pero también en los fogones de abuelas que nos divierten con sus sabores únicos quedan en la memoria de todos nosotros. Gracias a mi abuela materna descubrí el significado de las sopas – mondongo, sancochos y hervidos son parte de mi rosario culinario. Exploré con mi abuela los guisos de carne y pollo, el uso variadísimo uso del plátano en cada comida, el sabor de los vegetales menos conocidos y una actitud definitiva ante la vida: hay que probar de todo.  Creo (imagino) que el caraqueño se ha acercado a los sabores de esta manera probando todo lo que la globalización y lo local le ofrece. Al probar de todo nuestra fusión de sabores se resume en una amplitud de posibilidades y creaciones culinarias. Las hamburguesas, como en otras partes de Venezuela, han sido re-inventadas por los caraqueños a unos niveles insospechados y deliciosos.

Los sabores de Caracas se definen no sólo por la variedad y nuestros sabores únicos sino también por la forma como construimos nuestra geografía gastronómica. Caracas frente a la inseguridad, la exclusión, el miedo y la falta de transporte público se ha convertido en muchas Caracas excluyentes o impenetrables. El centro ahora “no es de todos” y es poco comercializado – no hay premios para aventurarse mas allá de lo “conocido” o lo que en muchos casos podemos pagar. Comer afuera se ha vuelto un lujo – creando otro mapa gastronómico entre lo que puedo comer y “lo que puedo pagar”. En otro artículo tocaremos este punto. Lo cierto es que nuestro croquis de la ciudad nos impide ver muchas veces otras alternativas. La Caracas gastronómica que imaginamos, no podrá existir hasta que derrumbemos muchos de esos escollos.
La Caracas de los sabores sin embargo sigue allí latente, en alguna tasca con una fachada fea que hace el mejor cocido gallego – en algún antro de comida colombiana donde el chicharrón es rey o de cocina criolla donde todavía se hace lengua en salsa – o en los fogones de un chef que regreso a Venezuela por la sencilla razón de que no encontraba ají dulce en Paris, Nueva York o Santiago. 

Radiografía de la gastronomía Venezolana


“Entre Gustos y Sabores” por Rafael Cartay

Hacia falta desde hace tiempo un libro, como el publicado recientemente por la Fundación Biggot “Entre Gustos y Sabores” del Maestro Rafael Cartay. Nos referimos, por supuesto, a la necesidad intelectual de ordenar lugares, sabores y experiencias de la gastronomía venezolana en una obra que sin duda dará mucho que hablar en los próximos años.
Una nación se construye en gran parte por su la capacidad de sistematizar su memoria histórica. Este libro reproduce apelando a la geografía y la historia las expresiones culinarias de cada Estado Venezolano. En mi opinión ofrece el mapa gastronómico del país con una accesibilidad fascinante. Carthy, curioso irrentable de todo los aspectos de la cotidianidad del venezolano hace un esfuerzo magnifico en esta obra para ubicar los platos típicos de cada estado. Si en su obra “Diccionario de cocina venezolana” ya diagramo el léxico y los productos que utilizábamos en nuestra alimentación, en este libro le da sentido a la comida regional Venezolana.
Las cocinas regionales son las verdaderas portadoras de lo que se llamado “la cocina nacional”. En todos los países del mundo, estas cocinas regionales aportan los sabores locales, las técnicas de preparación y las formulas mágicas que hacen que un platillo en esa zona sea conocido como “local”. No es lo mismo comerse un hervido de pescado en fuego de leña a la orilla de la playa en Margarita que en Caracas. Así de sencillo. El Libro de Cartay supone entonces un esfuerzo por mostrar las cocinas regionales a través de su geografía, su producción de alimentos, la gastronomía regional y los platos que la identifican. Tanto para el lector principiante como para el gourmand mas avezado el libro revela sorpresas. Cartay indaga el origen y procesamiento de los productos, entiende la importancia de la anécdota mesurada, combina lo tradicional con lo moderno y se detiene en el detalle fino de relación entre las personas  y lo que comen. 

Coda: recientemente en el foro de cocinas regionales organizado en el Mercado de Chacao obtuvimos testimonios de que la cocina regional es la dirección correcta. Sus apóstoles, chefs, investigadores, simpatizantes y gourmands le dieron sentido a las palabras de Carthy :"somos un país que merece ser descubierto en cuanto a lo gastronómico - las cocinas regionales le son desconocidas al caraqueño". 

jueves, 27 de octubre de 2011

#30libros Día 24 El Sol de Breda de Arturo Pérez Reverte

Nunca fuí un fan de El siglo de Oro español. En 4to año de secundaria leer a Gongora o a Calderon de la Barca me daba sencillamente sueño. No tenía la capacidad para apreciar el peso de cada palabra. Algunos años después comence otra vez a leer tímidamente "La vida es sueño" el Cid Campeador y algunos fragmentos del Quijote. Cuando apareció El Capitán Alatriste hace 15 años sentí que había regresado al feliz tiempo de Julio Verne o de cuando leía Dumas. Perez Reverte logró lo inpensable: recrear el siglo de Oro español conservando la belleza del idioma y dándole acceso a millones de personas a una nueva lectura de esa época. El Sol de Breda es mi favorita de toda la serie, en parte porque se desarrolla en los Países Bajos y en parte porque describe de una manera pasmosa los detalles de la guerra en esa época. Perez Reverte es un cinico de marca mayor, su genio consiste en transportar esa acidez a otras épocas y convertir el pasado, la historia, en una dura critica del presente de todos nosotros. Pocos personajes tiene la literatura como el Capitan Alatriste que junto con un imaginario Quevedo convierten las letras en piedras preciosas y la España de aquel entonces en un escenario digno de cualquier teatro.

jueves, 20 de octubre de 2011

#30libros Día. 23 Espárragos para Dos Leones de Alfredo Iriarte

Uno que le gustaría volver a leer en su vejez.

Este sin duda es un libro singular que descubrí en una librería de Bógota hace muchos años. El personaje central es Metafrasto Esparragoza, extraño personaje de la oligarquía criolla cachaca que luego de muchos avatares se lanza a la presidencia de la República de Palumbia. Iraite domina el humor negro con un acidez digna de los grandes clásicos de la literatura. Pocos libros son más graciosos pero a la vez más críticos de la política, el poder y la necedad humana. Es también un libro donde las palabras nuevas son dignas y relevantes, donde la prosa es legitima y donde quedan al desnudo todas las tristezas de autoritarismo y el machismo latinoamericano.

miércoles, 19 de octubre de 2011

El Génesis de Carlos Monsiváis

Javier Aranda Luna
A

estas alturas quedan claras varias cosas después de la Reforma Protestante. Que Martín Lutero ha sido el mayor promotor de la lectura de todos los tiempos: su convicción de que no existía mejor credo que la Biblia en el mundo cristiano y que cualquiera tenía derecho a leerla de manera directa, sin intermediarios, fue un detonante cuyas ondas expansivas aún nos alcanzan y habrán de sobrevivirnos, seguramente, por largo tiempo. Que los pueblos con mayor número de lectores promedio son principalmente aquellos donde el protestantismo se asentó (Japón es caso aparte). Que las comunidades protestantes le llevan una ventaja de 200 años a las católicas en materia de lectura, pues estas últimas realmente empezaron a leer de manera significativa a partir de la Ilustración y sólo lo hicieron sus elites. Que también los países con mayor arraigo protestante son en general sociedades más desarrolladas y democráticas.

No sólo eso, el ejercicio de la crítica literaria profesional puede decirse que es otra consecuencia de la cultura protestante por el hábito de leer directamente la Biblia y tener una interpretación personal de todos los libros que la conforman. Antes de la Reforma los eruditos sólo intercambiaban con sus pares y muchas veces debían adecuar sus conclusiones a los poderes fácticos de entonces. La lectura directa de la Biblia permitió que cualquier persona ejerciera y pusiera a prueba su pensamiento crítico: de allí que la distinta interpretación de ese libro sagrado diera lugar a distintas congregaciones religiosas.

No es una locura imaginar que la verdadera patria de los pueblos protestantes sea un libro: la Biblia. En esa patria nació Monsiváis uno de los críticos más agudos del México contemporáneo, el último escritor que era plenamente reconocido en la calle según José Emilio Pacheco.

Sus lecturas multiculturales de la política y la sociedad donde se cruzan el cine, la música culta y popular, la poesía de Octavio Paz, la deslumbrante prosa de Martín Luis Guzmán con las canciones de José José, la investigación erudita y el rumor de la calle son producto de esa visión protestante de entender y conectar al individuo con su historia y su comunidad.

Su solidaridad, su lucha por las causas perdidas o difíciles (mi verdadera causa parece que son las causas perdidas), su militancia contra la intolerancia, la explotación, la injusticia en realidad son la consecuencia obvia de su formación religiosa. Puede decirse que su crítica feroz contra los abusos del poder, contra los feminicidios o los crímenes de odio son ante todo un asunto de ética, de una ética protestante llevada hasta sus últimas consecuencias.

Sólo así puedo entender su apoyo irrestricto a las minorías, a los disidentes, a los que se niegan a dejar de ser para ser aceptados: los indios, las mujeres, los sindicatos independientes, las sociedades protectoras de animales, los refugios de niños con sida, los disidentes políticos, los homosexuales y naturalmente las comunidades protestantes perseguidas aun en nuestros días en zonas tan intolerantes como la de San Juan Chamula, donde se impide la educación pública a niños con creencias diferentes al catolicismo.

Hace algunos años me invitaron a dar una conferencia a Ixmiquilpan, Hidalgo, en el paupérrimo Valle del Mezquital para hablar sobre intolerancia religiosa. Me invitaron porque había escrito algo al respecto. Cuando Monsiváis se enteró que había ido me reclamó que yo no lo hubiera invitado. Pocas veces lo vi tan molesto. “Ese tema me importa –me dijo–, no se vale, la próxima me invitas”. Al cronista le interesaba estar en esos lugares límite por su olfato periodístico pero también, sin duda, por sus orígenes protestantes. Seguramente quería comprobar que aún existen comunidades de violentos que apedrean a los disidentes religiosos.

Cuando uno visitaba a Monsiváis en Navidad o Semana Santa era común escuchar en su casa –que era una biblioteca de poco más de 40 mil volúmenes, una audioteca y una videoteca formidables– gospel, himnos, estribillos protestantes (ésos que ahora la Iglesia católica ha incorporado a sus servicios para animarlos) y el Mesías de Haendel cuyas estrofas conocía en inglés y español.

Como le gustaba jugar con su memoria y su inteligencia un día le propuse a Carlos Monsiváis un ejercicio singular: yo tomaría una antología de poemas, la abriría al azar y el tenía que decirme quién era el autor de los versos mientras yo los leía.

De los 14 poemas que escogí no tardó en identificar a cada uno de sus autores después de escuchar los primeros versos. No sólo eso, cuando yo leía por ejemplo el segundo o el tercer verso él continuaba recitando entre dientes los versos que seguían. No pasé de 14 porque después quise hacer algo similar con una Biblia. Después de que identificó un salmo y un versículo de los evangelios abandoné la empresa. Ese día me enteré que sabía de memoria todos los salmos, casi todo el libro de Proverbios y no pocos pasajes bíblicos. También ese día me dijo que la mejor traducción al español de la Biblia era la de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, porque su sonoridad rescataba la música del Siglo de Oro español.

Picado por su contundente afirmación le pregunté a Octavio Paz, otra inteligencia notable de nuestra cultura, cuál era para él la mejor traducción de la Biblia al español: la de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, me dijo y me informó que lo mismo pensaba Antonio Alatorre, un especialista en la literatura del Siglo de Oro.

Hace tiempo Carlos Martínez, colaborador de La Jornada, se ha dedicado a investigar, me parece, lo que podríamos llamar el código genético de Carlos Monsiváis a partir de estas líneas:

Mi madre puso de su parte mi nacimiento, mi primera formación, mi capacidad de pelearme en vano, mi primer amor por los libros…

Mi verdadero lugar de formación fue la Escuela Dominical.

Y lo que ha encontrado Carlos Martínez es la enorme presencia de la cultura protestante en los textos de este escritor: de su autobiografía precoz hasta sus crónicas reunidas en Apocalipstik, pasando por El nuevo catecismo para indios remisos. El único libro de ficción escrito por Monsiváis.

La Biblia y la iconografía heterodoxa de Carlos Monsiváis, de Carlos Martínez, nos acerca como pocos ensayos a esa ética de Carlos Monsiváis que fue el centro y el motor de su crítica.

Ahora que Monsiváis ya es sus lectores, los textos de Carlos Martínez reunidos en ese libro contribuyen a una lectura más completa y gozosa de las crónicas y ensayos de este cronista que nos hizo mirar al mundo con un ligero aumento de luz.


lunes, 17 de octubre de 2011

#30libros Dia 22 Las formas del fuego (1929) de Jose Antonio Ramos Sucre


Jose Antonio Ramos Sucre es quizás el mejor poeta que ha tenido Venezuela. Su poesía poco conocida por a mayoría de nosotros me llego a través de la lectura de una biografía y el constante culto que le tienen "entre esa secta secreta del siglo XX como son los poetas" como la llama Octavio Paz. Ramos Sucre tiene una capacidad para darnos imágenes irrepetibles.

Tiene frases tan bellas como:

"El solitario divierte la mirada por el cielo en una tregua de sus desesperanza"

"He recorrido el palacio mágico del sueño".

"Yo distingue el perfil de la mujer, desvanecido entre los cendales del alba, sobre la raya del horizonte".

sábado, 15 de octubre de 2011

#30libros Día 21 Nadine Gordimer Selected Stories


Leer a la escritora Sur Africana siempre fue un acto de Fe. El racismo, sobre todo uno de tipo estructural como el que hay en ese país siempre me fascino como tema. ¿Que lleva a una persona a ser racista? Obviamente esta todo el tema de la ignorancia, la falta de la mas mínima educación en Valores. Pero también en el fondo es un tema de curiosidad, de conocer al otro. Gordimer posee un gravitas muy particular. Sus escritos son devastadores. Te conectan con el día a día de esa tensión entre blancos y negros, pero también hablan de una terrible soledad. La soledad del escritor que relata una verdad que es censurada en su propio país. Dejar claro su posición frente la vida con historias de personas que omitimos en nuestra vida diaria, los excluidos, los pobres, los marginados es un prueba de que la literatura, si es que sirve para algo, es para denunciar lo que la mayoría prefiere callar.

viernes, 14 de octubre de 2011

#30libros Día 20 Los libros malos no merecen ser leídos

Borges decía que si un libro no se conecta contigo es mejor dejarlo. Este ha sido un consejo que he seguido al pie de la letra. Kafka decia lo siguiente:

"Por lo demas creo que deberiamos leer libros que nos muerdan y agiten. ¿Si un libro no nos sacude como un golpe en la cabeza, para que leerlo? ¿Leemos libros solo para ser felices? Lo que necesitamos son libros que nos golpeen como un acto definitivo como la muerte de alguien a quien hemos amado mas que nadie, que nos haga sentir que hemos sido exiliados al bosque, lejos de una presencia humana, como un suicidio. Un libro debe ser el hacha de ese oceano congelado que nos habita. Eso es lo que yo creo"

Un mal libro no merece ni ser reconocido.

martes, 4 de octubre de 2011

#30libros Día 19 Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero de Álvaro Mutis


No recuerdo muy bien como llegue a Mutis, en que librería me lo conseguí, en que momento desesperado de mi vida llego junto con otros libros y otros personajes. Recuerdo mi primer libro de Mutis como una botella de vino exhuberante, demoledor, sublime. La prosa de Mutis es un espeso bosque de imagenes y sucesos que no tienen desperdicio. Cada palabra tiene un peso especifico, mas que barroca. Maqroll y todo su universo fue desde el principio el descubrimiento de nuevas tierras para mis gustos literarios. Luego de Mutis pude leer mas Carlos Fuentes, mas Octavio Paz, mas Monsivais.




La prosa de Mutis es una obra de arte. Es una forma de amar el lenguaje. Quizás de la saga de Mutis, mi relato preferido es Ilona llega con la lluvia, una joya de la sincronicidad jungiana, y del psicoanálisis mas profundo. Ese relato me persigue siempre.

He aquí algunas impresiones de la obra de Mutis que valen la pena:

Gabriel García Márquez:

Ocho libros en seis años. Basta leer una sola página de cualquiera de ellos para entenderlo todo: la obra completa de Álvaro Mutis, su vida misma, son las de un vidente que sabe a ciencia cierta que nunca volveremos a encontrar el paraíso perdido. Es decir: Maqroll no es él sólo, que como con tanta facilidad se dice. Maqroll somos todos.6
Octavio Paz:
Mutis es un poeta de la estirpe más rara en español: rico sin ostentación y sin despilfarro. Necesidad de decirlo todo y conciencia de que nada se dice. Amor por la palabra, desesperación ante la palabra, odio a la palabra: extremos del poeta. Gusto del lujo y gusto por lo esencial, pasiones contradictorias pero que no se excluyen y a las que todo poeta debe sus mejores poemas. Lujo y, ya se sabe, "orden y belleza", es decir, economía en la expresión.[cita requerida]
Elena Poniatowska:
Las risas se oyen hasta el paseo de la Reforma. Álvaro Mutis, el poeta colombiano, hace su célebre imitación de Pablo Neruda. Recién llegado de Colombia, todos lo han recibido como al Mesías. Es el salvador de las fiestas. Baile que te baile, de coctel en coctel, seduce a la duquesa de Altamira, a la marquesa de Villamarcilla... Así como fluye el champaña, fluyen las historias de Álvaro Mutis y sus carcajadas que levantan cualquier reunión como las burbujas al champaña. Junto a él nada es plano; y nada le gusta tanto a una mujer como sentirse espuma. Mutis cuenta chistes, está al corriente tanto de los últimos movimientos literarios como de las tendencias pictóricas más modernas. Habla de Goethe, de Brigitte Bardot y de las misas negras. Y sobre todo se ríe de oreja a oreja, hasta quedar exhausto. Declama en francés y dice adivinanzas en slang. Tiene una reserva de viajes verdaderamente inagotable. A los europeos les habla de Siam, a los suramericanos de Europa y a los "debutantes" les relata aventuras soñadas en la corte de Luis XIV. Fiel lector de extrañas revistas (el Crapouillot, que cuenta entre sus números uno dedicado a "L'érotisme chez les papes" o algo así como "El erotismo en las comunidades coptas del siglo XVI"), posee lujosísimas y muy raras ediciones limitadas. Con Octavio Paz se pasa conversando la noche entera acerca de las relaciones entre la mística y el porvenir del hombre. También a Paz lo seduce. No dejará de hacerlo jamás. Tiene con qué. Cosmopolita, viajado, culto, sensible, bondadoso, mundano, encantador, es el rey. Nada se le atora. Su charme derrite. Álvaro Mutis parte plaza. Cruza los salones con la gallardía que lo caracteriza y sus dientes son rompevientos, rompeolas, rompelabios y, claro, rompecorazones

viernes, 30 de septiembre de 2011

#30libros Día 18 Ciudades Invisibles de Italo Calvino


El libro que más veces ha leído


Este libro es un joya en todo sentido. Lo descubrí en el primer año de mi carrera recomendando por un profesor de sociología. Ciudades Invisibles cuenta la relación entre Marco Polo y Kublai Kan, en donde Polo le relata sus viajes por ciudades que ha encontrado en sus viajes. El libro es en realidad un análisis de lo urbano, una gran metáfora a las ciudades: sus usos, costumbres, practicas sociales y valores. Ciudades invisibles es la historia de muchas ciudades diferentes. La ciudad de Leonia donde todos los días la gente tiene cosas nuevas y bota las viejas. La ciudad de Tamara donde los signos de las puertas y calles denotan el comportamiento de la gente. Cloe la ciudad donde nadie se llega a conocer. O Eusapia donde los habitantes han construido una ciudad de los vivos arriba y una ciudad de los muertos subterránea y al final no se sabe quien creo a quien.

Las ciudades se suceden en una suerte de descripciones precisas, matematicas como todas las obras de Calvino. La fascinación por el libro me ha llevado a que me acompañe a cada uno de mis viajes y en una suerte de juego adivinar cual ciudad de la obra se parece a la ciudad donde me encuentre en ese momento.

jueves, 29 de septiembre de 2011

#30libros Día 17 "The Thousand Autumns of Jacob de Zoet" de David Mitchell


Uno libro de este año

David Mitchell, algún día en un futuro no muy lejano se ganará el premio Nobel y yo ese día celebraré el hecho de que me he leído todos sus libros. Luego de pasar por "Black Swan Black" y el impenetrable "Number9dream", Mitchell escribío su obra maestra "Cloud Atlas". Escribir dos novelas excelentes seguidas es dificil, tres casi imposible y cuatro simplemente denota que estamos en presencia de un autor que llego para transcender.

Ningún libro de Mitchell es facíl, su prosa es simplemente un abanico de ambientaciones muy bien estructuradas en torno al uso preciso del lenguaje y la contemporización del mismo. En "The Thousand Autumns of Jacob de Zoet" novela historica en el Japon del S. XVIII el autor logra una imágenes impresionantes, personajes inolvidables, hermosas impresiones del Japon medieval y dramáticas situaciones de barbarie. Sorprende de esta obra la dramatización de los eventos, en un momento estamos ante un crónica, en otras ante un retrato sublime de la diferencia de culturas. Mitchell es un escritor cuidadoso, limpia el texto muchas veces, ninguna palabra sobra. A la vez no es moralista salvo de defender la condición humana. Capitaliza su verbo y lo domina a la perfección. Escribe para que uno quede pidiendo mas. Un libro de Mitchell es un libro que no provoca que se termine nunca.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

#30libros Día 16 "La Nariz" de Nikolai Vasilievich Gogol

Un libro ruso que haya leído

Hay algunos criticos y estudiosos literarios que dicen que el cuento de la Nariz de Nikolai Vasilievich Gogol es el mejor cuento jamás escrito en la literatura occidental. Es difícil cuestionar esto una vez que uno lo lee. La lectura es asombrosa y desde el primer segundo el percance del colegiado Kovaliov quien un día amanece sin su nariz. La Obra fue escrita en 1835 y ya parece un prologo de lo que luego se llamaría el realismo mágico. A los que quieran leerla completa aqui va el link:


viernes, 23 de septiembre de 2011

#30libros Día 15 Tintin en el Congo


15. Uno que haya amado hace años y del que hoy reniega.

Por lo general me gusta Tintin. Creo que me he leído todos sus libros. Los comencé a leer muy joven, junto con Asterix y otros cómics. Sencillamente el problema con Tintin en el Congo es que es libro racista y lleno de referencias discriminatorias. Herge es un ilustrador brillante que supo transportar a sus lectores a lugares increíbles, pero con Tintin en el Congo lo que logra es recordarnos el racismo y colonialismo europeo y belga en su máxima expresión.