jueves, 28 de agosto de 2008

EL ARTE DE LOS SAN - SURAFRICA


El museo abierto más grande del mundo queda en Sur África en la provincia del Cabo Occidental, cerca de un sitio que se llama Clanswilliam. Es la tierra de los San, antiguos habitantes de la planicie africana. Es tierra rojiza, árida, montañosa, dramática en su presentación y sus formas. Las llanuras se combinan con las rocas que saltan de la tierra como monstruos silenciosos.. En la noche todos los sonidos parecen ser el mismo misterio. El museo abierto más grande del mundo es un lugar donde los SAN pintaron toda una serie de imágenes a lo largo de 8000 años. Pintura rupestre repartida en mas de 6000 hectares de terreno.

He aquí unas breves notas de campo:

"ocre, rojo, marrón, arena, blanco: colores básicos y complejos, sensaciones cromáticas que describen toda una historia oral y pictórica. ¿Quienes eran los SAN? ¿Que hacían en la noches para querer pintar? ¿Que anima los movía? ¿Que alimento significa el arte en los seres? Las piedras hablan por si solas. Tienen energía. Yo que nunca he creído admitir (por miedo o incredulidad) ese tipo de cosas, admito la energía de lo que viví: cuerpos, danzas, cacerías, ritos y costumbres, comunicados en piedras fabulosos en un museo a aire abierto, entretejidos por una cierta sacrilidad extinguida (todos los SAN fueron muertos por los colonos blancos), con un aire de tristeza. La danza (aquello mágico que me persigue en todos mis viajes) es representada por muchos hombres juntos pintados en rojo , unidos por líneas rojizas y amarillas, interconectados como una cadena de danzarines, unidos por una euforia común: ¿Celebran la cacería, un matrimonio o la bondad (el frío) de la noche? Sensaciones múltiples de desesperación, somos testigos de la belleza de lo que puede crear el ser humano, y la vez como otros pueden destruir toda una mitología milenaria (celebramos el arte - luto produce el silencio de las cuevas). Buscamos explicaciones que solo se encuentran con el silencio, como los amantes que se separan sin saber porque. El arte respira la nostalgia de "ser descubierto" y estudiada por los mismos descendientes de los blancos que mataron a los SAN.”
La pintura en este caso es una forma literatura, son imágenes que comulgan con las grandes literaturas del mundo, son testimonios de vida, de aprendizaje, de un animismo vivido (y no fabricado en un cuarto con aire acondicionado en algún lugar del mundo "moderno"), en un ecología infeliz (faltan las personas, sus voces quizas), pero que en su momento era una gran galería de arte, de humildes templos de sabiduría, de convivencia con lo vivido. A lo lejos, una aparición. Una gacela nos mira como midiendo la distancia del peligro. A la derecha en el fondo cebras en movimiento abrazan el atardecer confundiendo los rojos con blancos y negros. Somos afortunados hijos ese día de todos los colores de la naturaleza."
ggm/ 2002

viernes, 22 de agosto de 2008

Guadalajara Invisible


Un día en Ámsterdam entre a una discusión académica sobre la investigación de un colega mexicano y tuve un encuentro memorable con el pasado, y de paso reinicie una discusión privada (secreta – es decir, conmigo mismo, como algo que te da vueltas en la cabeza) sobre lo hibrido en la sociedad, es decir el pastiche entre lo moderno y lo tradicional, entre lo pagano y lo católico, entre la relación entre el tiempo y el espacio en nuestras culturas. La palabra cultura de hecho es un barril sin fondo, sobretodo cuando queremos analizar la cultura material.

Mi colega al comenzar su presentación identifico su objeto de estudio: el mercado popular de Guadalajara. Wow! que maravilla. Creo que de todos los mercados que he visitado en mi vida debe ser uno de los más grandes, bellos y sublimes mercados del mundo. Siempre pensé que era un templo de todo lo representa México y trate varias veces de escribir mis impresiones pero sin éxito definitivo. Tome unas notas ese día en la presentación de mi colega, pero me pareció tan aburrido su explicación, su categorización de las cosas, su pretexto de investigación, que abandone el proyecto hasta hace poco. La frase de Proust se aplica en este caso: "uno no se acuerda de los lugares, sino de las experiencias en esos lugares". Es decir, los lugares representan recuerdos de esos espacios. Divagaciones, quizás, pero con una carga emotiva y afectiva que “define” el lugar por lo que ocurrió allí.

El mercado en Guadalajara tiene tres pisos. Los tres pisos representan todas las etapas de la historia de México. Quisiera empezar por el tercero (no se porque - quiero salir rápido de lo moderno para entrar en lo tradicional seguramente) en donde televisores, lavadoras, reproductores y todo lo que significa “lo práctico” en la vida de los seres. El mercado es una metáfora de locales que presentan los últimos productos de moda y que por estar arriba (en precio y localización) son inalcanzables para la mayoría de la población, por lo menos para los jóvenes. La excepción es por supuesto el objeto más codiciado y económico del lugar- los CDs y DVDs piratas. Hay literalmente miles de películas y juegos- testimonios de una necesidad feroz de lo audiovisual. La imagen por encima de la lectura. La imagen como escape a la realidad social. La imagen como acompañante de la soledad. Son los "libros" modernos, los que educan al pueblo en sus modas y "nuevas costumbres", los que enseñan la desesperanza en las clases sociales, el progreso material, las nuevas formas de la sexualidad, el "american way of life" en pastillas, la incongruencia entre "lo que tengo" y lo que "no puedo comprar". Soñar cuesta apenas 15 pesos por película.

En el segundo piso están lo textil y el calzado. Representa una extraña combinación entre ropa moderna y tradicional, ropa que se usa para mostrar y para trabajar. En realidad no me interesa la ropa: Me interesa más las personas que suben a comprar. El 90 % son mujeres que van a satisfacer el sano juicio de la compra de ropa. Buscan la prenda atractiva, la que resuma su estado de animo, la que combine con X o Y, la que asuma su feminidad, la que haga de sus amantes/ maridos / novios/ olvidar por un momento lo cotidiano. Lo textil, como nos vestimos es nuestra tarjeta de presentación. En una ciudad tan conservadora como Guadalajara, la ropa indica condición social, preferencia sexual, modas y hábitos, pesadez y levedad ante los demás. ¿Los atuendos son clasistas o uniformadores? ¿Modifican la percepción del joven frente a los demás? ¿Determina el empleo de la gente en términos de cómo “debo ir” vestido y por ende como debo comportarme”?

La planta baja representa los tesoros mexicanos, el legado ala humanidad, es decir todo lo que se refiere a alimentos en las miles de variedades que se puede pensar sobre México. ¿Que puede significar una cultura que utiliza unos 85 tipos de chiles probados? Las decenas de especies, los colores de las frutas, la magnificencia de la comida servida en el mercado, la importancia de la presentación, hace pensar de una civilización que asumía (o asume) los placeres del paladar como importantes. Hay estudios que demuestran igualmente que el picante quita el hambre, es decir que las razones antropológicas son a veces de supervivencia. Pero la comida explica el trasfondo del mexicano. Mientras que los equipos electrónicos y la ropa son por lo general un acto de consumo individual, la comida es un acto colectivo, poderosamente familiar, núcleo de todo lo demás.

Como la mayoría de las culturas mediterráneas, el acto de comprar comida es un acto profundamente familiar. Hasta el hombre participa en buena medida. En el centro del rito esta la tortilla milenaria, pero alrededor están las carnes, las especies, los vegetales y los pescados y mariscos. El mercado representa la forma como se construye la dieta de la ciudad. El mercado es igualmente un sitio para comer: desayunar, almorzar, cenar. Los obreros desayunan tostadas de ceviche, almuerzan tacos al pastor y cenan chiles rellenos.

La modernidad se construye en estos tres pisos. Plantea la necesidad al ser mexicano a conocer su realidad pasada, presente y futura. Lo condiciona no solamente en sus patrones adquisitivos, sino en su manera de ver la realidad, de relacionarse con su contexto, de conocer y permear lo moderno con lo tradicional y fusionarlo. El mercado administra los gustos de lo popular.
GGM/2006

domingo, 17 de agosto de 2008

Invisible en Paris


Hay personas que esgrimen Paris con la facilidad viajera de ir a las direcciones más conocidas que todos frecuentan. Serán turistas y su paso será temporal y predecible. Irán a Montmartre con el atardecer y a la torre Eiffel con la noche y caminaran inciertamente por las calles de los museos. Otros más atrevidos intentaran perderse entre las infinitas calles del barrio latino, solo para sucumbir ante la topografía montañosa.

Algunos habitantes de Paris han llegado allí en busca de su identidad. Extranjeros o franceses de otras regiones, comulgan todos los días con el metro y los pensamientos del hogar. Buscan una ruta que los haga más cosmopolitas frente a la avalancha cultural de la ciudad, pero su nostalgia sigue siendo uno de los ingredientes de su vida cotidiana. La soledad se viste de noches frías. Algunos han logrado justificar su existencia y su soledad con alguien a quien aman. Otros estudian. Los más atrevidos (o inteligentes) dicen haber vivido Paris como una etapa de su vida.

En este contexto llegue una tarde a Paris. Me incorpore a su vida con una sed de venganza. Tenia años evitándola, aquella ciudad de mi juventud que me había dado tantas formas de amor. Al instante de llegar ya me sentía solo y a la vez enamorado. Aquellas veces que fui no permití el lujo de caminar por los vecindarios, ni quise pretender dejar sola a la persona que me acompañaba. Esta vez establecí mi soledad como el núcleo central de esta visita y me permití dejar llevar por varios amigos y conocidos que ahora se habían convertidos en mis guías (espirituales, porque al final yo les indicaba mi deseo de conocer un tipo de Paris que ellos se imaginaban y allí me llevaban, con la interpretación de su mente). Así de esta manera termine en una aldea (ahora suburbio) en donde Trosky había dejado su huella en la cantidad de estudiantes marxistas y gentes de las más diversas corrientes revolucionarias. Era un barrio parisiano rodeado de altos edificios incrustado en el medio de la decadente modernidad de lo urbano. Esa noche conocí la soledad de los vascos franceses refugiados en un bar restaurante de dudoso exterior, con banderas vascas en el interior y decoraciones de nostalgia. La comida fue de una honestidad irrepetible.

Cada quien que asuma su soledad. La soledad del vendedor de rosas que va de mesa en mesa por la noche, normalmente inmigrante que quizás un día tuvo la esperanza de haber llegado de lejos a Paris en busca de algún tipo de “oportunidad”. ¿El vendedor de rosas con quien sueña? ¿Qué hace en su tiempo libre? ¿Qué añora?

Camino por el barrio judío ahora apropiado por los homosexuales parisinos que han encontrado en este ambiente un lugar donde aislarse. Que propicio, dos comunidades una religiosa y otra que inspira un estilo de vida, viviendo lado a lado la soledad que les ha impuesto (en ambos casos) los siglos de soledad social. En un restaurante judío conviven los dos grupos (con algún grado primitivo de condescendencia mutua), la familia judía clásica con la pareja de novios que hablan de su próximo viaje a Ibiza.

La soledad del inmigrante extranjero es palpable. En el metro hay mas gentes de todas partes del mundo y pocos “franceses”. Algunos de ellos muy deprimidos, otros mas alegres que quieren cohabitar en el primer mundo, pues de alguna manera o forma (las razones son miles y cada una mas contradictoria que la otra) han sido rechazados por su país o región. Conocen solo las memorias, los momentos que vivieron en sus países; quizás lo mas seguro es que tornen su soledad alrededor de estas memorias, las fotos de familia, las comidas que preparen con añoranza (nada sabe igual fuera del país de uno), y las periódicas reuniones con compatriotas que tienen otro conjunto de memorias. Así las memorias (o los recuerdos) se convierten en pesadas cargas que alivian el alma, o por lo menos dan una sensación de identidad (a veces colectiva, aunque al final siempre individual) que se traduce en una lenguaje de justificación constante. La soledad, pienso, sigue siendo la única constante.

La consecuencia física de la soledad de los inmigrantes, sobretodo cuando son muchos de un mismo país es el ghetto. Es un lugar que cumple una doble función. Los parisinos logran ubicar al “otro” en un mismo lugar y así controlar socialmente a una población extraña. Los extranjeros por otra parte logran ubicar sus memorias dentro de un espacio físico determinado. Por ejemplo el Barrio Chino de Paris, ocho cuadras de tiendas, cines, centros comerciales, bancos, panaderías, supermercados, todos en el idioma chino. En un supermercado de tres pisos no se encuentra ningún extranjero. Los chinos han logrado reproducir su “habitat” y crear el “efecto” de la permanencia de sus “memorias”. Microcosmos de estos espacios encontramos entre los árabes, los colombianos, los vietnamitas y los africanos de habla francesa. Al frente de la Gare du Nord están tres manzanas de comercios hindúes, todos perfectamente reproducidos de memorias e imágenes de la India, Pakistán, Islas Reunión y Sri Lanka. A veces pareciera que son las memorias de los inmigrantes que viven en Paris. Otras veces parece que se reproducen estas tiendas y comercios en la medida en que los parisinos les gustaría ver: las tiendas de saris, el aparente desorden de los supermercados, el extranjero transportado, exótico que habla mal francés y que interpreta los gustos de los clientes la posibilidad de conseguir la comida que pudo probar en mis ultimas vacaciones.. ¿Quién construye esta imagen? ¿Quién se beneficia o perjudica? La modernidad de una ciudad como Paris combina entonces la historia de una ciudad Europa con lo exótico de sus más recientes habitantes, con la historia reciente de la globalización, del turismo global.

El precio de la soledad en Paris se asume como en otras ciudades. “Estoy solo, pero no debo dejar de salir a participar de la soledad de los demás”, caminando las calles y avenidas atiborradas de gentes, sobretodo turistas (que vienen a ver los edificios de Paris, no el espectáculo invisible de la soledad). Las reuniones colectivas en Paris son excusas para desafiar la soledad sostenida de sus gentes. Teatro, exposiciones, ferias, mercados, conciertos, y cientos de eventos a la semana desafían la soledad del metro, de la calle, de los apartamentos tipo estudio (el promedio en Paris es 1,4 personas por casa), de los cines; en una batalla por curar lo individual (y sus manifestaciones mas nefastas como el suicidio) por lo colectivo, en forma de fiesta o de asociación grupal. A diferencia de los pueblos y las aldeas donde todo el mundo se conoce y la invisibilidad es relativa o nula, en la ciudad los seres pueden llegar a ser invisibles.

2004