viernes, 30 de abril de 2010

Italo Calvino: la exactidud ante todo


Escribo a mano y hago muchas, muchas correcciones. Diría que tacho más de lo que escribo. Tengo que buscar cada palabra cuando hablo, y experimento la misma dificultad cuando escribo. Después hago una cantidad de adiciones, interpolaciones, con una caligrafía diminuta.
Me gustaría trabajar todos los días. Pero a la mañana invento todo tipo de excusas para no trabajar: tengo que salir, hacer alguna compra, comprar los periódicos. Por lo general, me las arreglo para desperdiciar la mañana, así que termino escribiendo de tarde. Soy un escritor diurno, pero como desperdicio la mañana, me he convertido en un escritor vespertino. Podría escribir de noche, pero cuando lo hago no duermo. Así que trato de evitarlo. Siempre tengo una cantidad de proyectos. Tengo una lista de alrededor de veinte libros que me gustaría escribir, pero después llega el momento de decidir que voy a escribir ese libro.
Cuando escribo un libro que es pura invención, siento un anhelo de escribir de un modo que trate directamente la vida cotidiana, mis actividades e ideas. En ese momento, el libro que me gustaría escribir no es el que estoy escribiendo. Por otra parte, cuando estoy escribiendo algo muy autobiográfico, ligado a las particularidades de la vida cotidiana, mi deseo va en dirección opuesta. El libro se convierte en uno de invención, sin relación aparente conmigo mismo y, tal vez por esa misma razón, más sincero. Ítalo Calvino

viernes, 22 de enero de 2010

Domingo

Mientras me zambullía en un exilio de las palabras sin fecha de regreso y jure que leería todos los días, a toda hora, para tratar de rescatar alguna tradición milenaria de compartir la soledad con algún buen libro, encontré un excusa para no hacer nada.

Aquello, un síntoma de una flojera estructural que tiene su origen en la religión y que se esfuma ante la necesidad, era materializado en un desapego a todo aquello que significara trabajar. Después de todos los patricios romanos declaraban el trabajo un penitencia de los dioses, un castigo (no por lo pecados cometidos, a diferencia de los cristianos) algo que solo podía evitar el libre pensamiento y la fluidez de la oratoria. Los esclavos romanos solo tenían un derecho: el del trabajo.

La flojera trepa por todas las paredes de mi casa. Habita entre los libros. Encanta el aire con una pesadez solo parecida a las tardes de domingo.

viernes, 15 de enero de 2010

Ostia en Invierno



Ostia en Invierno es un gran bazaar de ofertas en zapatos y ropas. Cada esquina tiene personas haciendo la tradicional passieata. Unos toman café, otros grappa. Olores de calamari y scampi persiguen cada paso que doy. La rutina consiste en vivir bien, en elevar el gusto a todos los sentidos. Ostia en Invierno no es vivero de turistas, sino un calidoscopio de sabores de puerto italiano. Juraría que vi a Sofía Loren tres veces.